Descubrir la costa este de Norteamérica fue desde hace tiempo uno de los viajes más deseados entre los grupos que normalmente organizamos con clientes de nuestra Agencia, Cruceritis. Por eso, la oportunidad que MSC Cruceros nos brindó estableciendo esta ruta desde New York, entre puertos de Estados Unidos y Canadá, no fue desperdiciada desde el momento en que la salida fue anunciada.
MSC destinó a este itinerario a su icónico MSC Meraviglia, buque que inauguró en 2017 la clase que lleva su nombre, y que supuso un hito en MSC, una auténtica revolución desde la última adición a su flota, aún en la clase Fantasia. Es un buque de 171600 toneladas, muy innovador en la flota de MSC, fundamentalmente por aumentar la capacidad de los barcos hasta un total de 2214 camarotes, albergando 5642 pasajeros, más 1608 tripulantes. Incorpora notas propias de su clase, como es la pantalla led en bóveda situada en la llamada Galleria, que cambia según los momentos del día y la temática de la ruta, el Carousell Lounge, donde se representan interesantes espectáculos de pago con cocktail, el parque acuático y el Himalayan Bridge, el Sportplex, una estupenda cancha deportiva cubierta polivalente, el anfiteatro Horizon con su piscina en popa, el atrio característico, y las escaleras con cristales de Swarovski, por citar algunas.
Para este crucero, decidimos tomar un día previo en New York para un tour intensivo con los clientes, que les pudiera dar una primera idea de qué es esta emblemática ciudad. Y el día del embarque, 4 de octubre, estábamos puntuales en el muelle de Brooklyn. El embarque fue rápido, eficiente, y en seguida todo el grupo estuvo a bordo, ocupando a continuación las cabinas asignadas.
El itinerario previsto incluía 7 puertos y 3 días de navegación. Sin embargo, en la primera noche, el comandante informó de que el itinerario se vería alterado a causa del paso por la zona de Nueva Escocia de los restos del huracán Philippe, ya convertido en tormenta tropical, pero aún capaz de causar problemas a la navegación, por lo cual el puente de mando decidió sustituir la parada en Saint John por un día en alta mar, y el puerto de Halifax por el de Corner Brook, la latitud más septentrional a la que el buque alcanzaría a llegar, ya en la isla de Terranova.
Una tónica que ha tenido lugar en casi todos los puertos de escala de este crucero ha sido la algo desajustada organización de los desembarques, ya de por sí más complicados que en Europa por las exigencias de las comprobaciones de inmigración en Estados Unidos y Canadá. A ello se sumaron dificultades técnicas, como el desembarque en tenders en Newport, y el consiguiente regreso de todo el pasaje desembarcado a la ciudad, a tiempo para la salida, o la llegada a Boston con un retraso de más de dos horas, por causas meteorológicas, que descompensó los horarios de los tours organizados en tierra.
Por otra parte, es todo un espectáculo asistir a un crucero que parte de y llega a New York, por disfrutar de la espectacular travesía en este caso de la parte sur del río East y la vista magnífica del sur de Manhattan, distrito financiero, Staten Island, y la navegación bajo los puentes colgantes de Manhattan y Brooklyn, y junto a la isla del Gobernador y la Estatua de la Libertad. Un panorama urbano pocas veces igualable.
Podríamos calificar la elección de los puertos de escala como muy acertada. Combinando pequeñas localidades llenas de interesante arquitectura colonial, como Newport, con ciudades espaciosas y poco pobladas como Sydney o Charlottetown, con grandes urbes como Boston, y por supuesto, el puerto que se incorporó a la ruta, Corner Brook, todo un hallazgo de ciudad encantadora y hospitalaria, como todas en Canadá, donde siempre acogen con amabilidad al viajero.
En lo relativo a la experiencia del crucerista a bordo, esta ruta ha deparado sentimientos contradictorios. La organización y gestión de los desembarques no ha sido tan efectiva como cabría esperar. Tampoco la gestión de algunas cuentas económicas a bordo, que se vieron afectadas repetidamente de los mismos problemas después de la utilización de restaurantes de especialidades.
Aun con la ocupación del barco al 100%, el buffet en desayunos y comidas, ha prestado el servicio muy correctamente, así como el espacio también fue suficiente casi en todos los momentos en el mismo. La calidad y variedad del buffet estuvieron a la altura, con platos de grill, pasta, exóticos, saludables, mucha variedad de panadería, postres y pizza. En cuanto al restaurante principal, correcta carta de platos cada noche (con la particularidad en las rutas de este lado del mundo, de que cualquier plato principal que se pida después del primero, tiene un cobro de $5 más suplemento), y funcionamiento generalmente bueno, salvo alguna excepción. En cuanto a los restaurantes de especialidades, probamos, una vez más, el Butcher’s Cut, Hola Tacos y Tequila, y el Kaito Teppanyaki, muy recomendable el primero, con un servicio y una calidad en su oferta, ambos espectaculares. Hola Tacos ofreciendo como siempre muy buenos y completos menús tarifa plana de comida mexicana hasta hartarse de comer, y el Teppanyaki con su parte de espectáculo, tan del gusto de los pasajeros, y su parte gastronómica, también muy bien. Otros integrantes del grupo optaron también por el restaurante Ocean Cay, especializado en pescados, y nos contaron muy buenas cosas también de este restaurante. Comentar que en estos restaurantes no es válido el paquete de bebidas, y todas las bebidas deben pagarse aparte.
La animación en cruceros por Norteamérica no es comparable a la que encontramos en los MSC del Mediterráneo. Se organiza una fiesta con DJ en la Galleria, si bien no dura más allá de las 23 o 23:15 horas. En el barco hay muchas actividades a lo largo del día, pero insistimos, no se encuentra la animación a la que está acostumbrado el crucerista español de esta naviera, sino que está adaptada al público norteamericano, que es mayoría entre el pasaje. Pudimos asistir, sin embargo, a dos espectáculos de pago con cocktail, que tienen lugar en el Carousell Lounge, un gran espacio pensado para este tipo de espectáculo, y donde se representaron hasta el momento de la pandemia los espectáculos de Cirque du Soleil at Sea. En esta ruta asistimos a “Houdini”, una reinterpretación de temas musicales conocidos, contextualizados en una recreación de la historia del ilusionista y escapista Harry Houdini, y también a “Rock Circus”, obra ambientada con canciones célebres del rock mundial, ambas excepcionalmente interpretadas por un equipo de cantantes, bailarines y equilibristas.
Este gran barco ofrece muchos otros rincones donde tomar tranquilamente una bebida, un chocolate caliente, una copa de champagne o un cocktail, tanto en interior como en el exterior. Destacable es la comodidad y lo acogedor de espacios como la chocolatería de Jean Philippe, Champagne Bar, o TV Studio Bar, entre muchos otros. También es destacable la extraordinaria labor del equipo de animación infantil en los clubs Mini, Junior, Teen, y en las actividades que organizan para los pequeños, como por ejemplo el concurso Master Chef At Sea.
En resumen, y en definitiva, un crucero que supone una estupenda experiencia a bordo, tanto por itinerario como por barco, y una ruta que recomendamos en los casos en que se realice.











